¿Viajar con no-fotógrafos y hacer (buenas) fotos? - PODCAST 3x15

junio 04, 2026

¿Viajar con no-fotógrafos y hacer (buenas) fotos? - PODCAST 3x15

Viajar con personas que no comparten nuestra obsesión por la fotografía puede convertirse en un deporte de riesgo. Mientras ellos quieren ver monumentos o simplemente relajarse, nosotros estamos sufriendo porque no nos podemos parar. En el episodio de esta semana nos sentamos a charlar sobre cómo sobrevivir a estas situaciones.

En este capítulo abordamos el eterno conflicto del fotógrafo viajero: el choque cultural entre el "modo turista" de nuestros acompañantes y el "modo fotógrafo obsesivo" que llevamos dentro. 

Desgranamos estrategias que nosotros mismos aplicamos para no ser un auténtico coñazo cuando viajamos en pareja, con familia o amigos.  

Hablamos de la importancia de la planificación previa usando herramientas que te salvan la vida, del arte de negociar los tiempos con tus acompañantes para que nadie salga perdiendo, y de cómo el truco definitivo a veces consiste simplemente en robarle horas al sueño mientras los demás descansan en el hotel. 

Además, abrimos el debate sobre el equipo ideal para estos viajes: por qué obsesionarse con cargar mochilas de 200 kilos es el peor error que puedes cometer y cómo pasar desapercibido ante los amigos de lo ajeno


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Resumen del episodio

Al final, hacer fotos es una actividad súper individual. 

Da igual que vayas con otros fotógrafos o con gente que no sabe ni encuadrar con el móvil; en el momento en que te pones el visor en el ojo, te aíslas del mundo. Por eso, cuando viajas con tu pareja o con amigos, hay que aprender a jugar bajo unas reglas de convivencia para no amargarles el viaje ni amargártelo tú con la culpa de estar retrasando al grupo.  

La primera clave, y para mí la más importante, es la planificación de guerrilla. 

Antes de subirte al avión, destripa el destino. Métete en Google Imágenes para ver qué se ha hecho (y sobre todo, para saber qué no quieres repetir), usa Google Street View para memorizar esquinas, fondos y accesos como si fuera un videojuego, y exprime PhotoPills para clavar por dónde va a salir el sol y calcular las sombras. 

Ir con los deberes hechos te ahorra perder el tiempo allí.  

Pero si me preguntas por mi secreto infalible, el que de verdad me da las mejores fotos, es el truco del madrugón en solitario. 

Mientras mi mujer se queda durmiendo plácidamente en el hotel, yo me pego el súper madrugón a las cinco o las seis de la mañana. A esa hora las calles ya están puestas, hay una luz espectacular que pasa de la hora azul a la dorada, y tienes la ciudad para ti solo durante dos o tres horas. Haces tus fotos a tu aire, sin prisas, y vuelves al hotel justo a tiempo para sentarte a desayunar con ella. 

Todos contentos.  

El resto del día se basa en negociar y ser justos. Si ella quiere entrar a una tienda o visitar un sitio que a mí me da más igual, hacemos el trato: "Vale, vamos ahí una hora, pero luego déjame quince minutos en esta esquina con esta luz". 

Y ojo, sé rápido. No puedes tirar en manual si vas a tardar tres minutos en configurar la cámara mientras el grupo te espera; usa modos semiautomáticos, encuadra y dispara. 

Olvídate de revisar las fotos en la pantalla cada dos por tres; guarda eso para cuando estéis haciendo una cola aburrida o descansando. 

¡Ah! Y hazles fotos bonitas a ellos también, que luego bien que les gusta fardar de recuerdos chulos.  Por último, el eterno dilema del equipo. No lo dudes: viaja ligero. 

Deja los tres focos, el flash y el trípode gigante en casa porque se van a quedar muertos de risa en la maleta. 

Yo viajo con mi cámara, un par de objetivos cortos (uno se suele quedar en el hotel), y una compacta de repuesto en el bolsillo por si la grande se rompe o por si entro en un museo donde no me dejan sacar el "bicho" principal.

Además, aplica la discreción: tapa los logotipos con cinta aislante negra y mete el equipo en una bolsa normal que no grite "¡Hola, soy fotógrafo, róbame!".  

Como decía Bob Christ en la frase que analizamos al final: para ser mejor fotógrafo de viajes tienes que ser una persona más interesada por lo que te rodea, y no tener una cámara más interesante. 

Hay que mezclarse con el entorno, respetar a la gente local y, sobre todo, cuidar a tus compañeros de viaje.

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Un saludo y buena luz.

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